J. Refugio Correa Vega: De la creatividad a la dirigencia política.

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Refugio Correa Vega. (1865 – 1962)

Existen muchas coincidencias e identidades de esta parte sur del estado de Guanajuato con el estado vecino de Michoacán, quizás porque alguna vez fuimos un mismo territorio precortesiano o tal vez porque estuvimos al mando de un Obispado Religioso Colonial. Así no es de extrañar que crucemos nuestra sangre de aquí para allá o de allá para acá, de este bajío guanajuatense con el bajío michoacano. Nuestro primer personaje Notable Yurirense viene a la vida una mañana lluviosa el día 19 de julio de 1865 en la ciudad de Queréndaro, Michoacán.

La nueva criatura vino a la vida en la humilde casa de la familia Correa Vega, la señora J. Concepción había traído al mundo mundano al segundo de sus hijos a quien su padre Don Claudio lo castigó con el nombre de pila de J. Refugio. El caserío de Queréndaro conjuntamente con sus gentes, muy de mañana supo de la noticia, pueblo chico testimonio grande, al saber de la familia de los Correa Vega, ya tenían en sus manos otro retoño, manifestándose muy alegre la comunidad por el aprecio y respeto en que tenía a la familia.

Es un secreto a voces que el comercio ha representado para muchos pueblos y no tan pocas naciones el motor de la consolidación y despegue. Así debió haber ocurrido con los padres de J. Refugio Correa quienes en aras de buscar la diaria tarea de supervivencia y en un continuo explorar nuevos mercados donde vender sus productos, aterrizaron en estos lares Yurirenses. Así fue el trabajo de sus padres Don Claudio Vega y la Sra. Ma. Concepción Correa quienes dedicaban el 100% de su esfuerzo a la actividad del comercio. Con el tiempo conyugal de por medio, estas dos personas, le dieron la vida a J. Refugio Correa, con los años seria un hijo al que le sobraron manos para sus habilidades y tiempo para sus trabajos, desde pequeño se percibió en su ser el incremento por lo destacado de sus dones.

Desde sus inicios J. Refugio mostró otras inquietudes, pronto aprendió a leer y escribir con el sacerdote del pueblo. Y ya siendo un adolescente aprendió de su padre diferentes oficios como lo fue: la carpintería y la herrería. Pero al mismo tiempo que aprendía oficios y destrezas, también producto de su naturaleza inquieta, buscó aventuras en otros lugares, así abandonó su casa-hogar para ir en busca de nuevos aprendizajes. Recorrió varios estados de la república mexicana y luego de un periplo viajero aterrizó en la Salamanca guanajuatense. Ahí en este valle Salmantino se hospedó con un familiar por espacio de algunos años, pero que más tarde, ya madurito el mocetón, también abandonaría por los motivos efervescentes para todo mexicano que se preciara de vivir los tiempos de cada quien (eso de estar al margen de la historia patria no iba con nuestro personaje), por lo que tomó la decisión de abandonar a este familiar por los relevantes tiempos bélicos de la Revolución Mexicana. Ya en las filas del ejército revolucionario (desconocemos al mando de quien estuvo, y hasta cuando militó) en don de fue destacado participante del servicio militar, ya que dada su habilidad y conocimiento en el manejo y sobre todo en la reparación de armas, conocimiento adquirido de su padre, fue lo que lo hizo destacar del común de sus semejantes milicos. No permaneció mucho en las filas revolucionarias y aprovechando una licencia del ejército, poco tiempo después lo hayamos establecido en la ciudad de Yuriria más o menos para el año del inicio de la Primera Guerra Mundial, allá por el año primerizo de 1914.

Una vez establecido en la cabecera municipal, se dedicó en un principio al comercio con una miscelánea de encuentre usted de todo (telas, maderas, herramientas, tuberías, llaves, juguetes, etc.), luego, fiel a su naturaleza de creador e inventor empírico, ahí mismo en la ciudad que le dio asilo, comenzó a trabajar en el oficio de su querida carpintería. Se cuenta de él que, en el periodo de la revolución, cierto día, Don J. Refugio Correa, salió al encuentro de una partida de revolucionarios que tenían la orden superior, de entrar al pueblo con la expresa finalidad de robar cuantos víveres se consiguieran de los habitantes, claro está para el mantenimiento de la tropa, así como también establecer una “razzia” o de aumentar en número las filas de la tropa comandada, con jóvenes que ya se sabe en contra de su voluntad, serían forzados a luchar por los ideales de la revolución, motivo por el cual don Refugio Correa, surgió a negociar con el capitán, ofreciendo reparar todas las armas que tuvieran en mal estado a cambio de que no entraran al pueblo. Acuerdo que se cumplió por ambas partes, trabajando durante varias horas y a marchas forzadas y con la ayuda de sus discípulos más aventajados a fin de entregar a tiempo las armas reparadas.

Por su pragmatismo y su don de servicio social a la comunidad y en muy alta estima para los yurirenses, el pueblo lo nombró Presidente Municipal en el año de 1920, cargo que desempeño cabalmente y a satisfacción del pueblo en lo general. Tal que al medio rural no apoyo dotándolos de instrumentos de labranza (azadón, arados, palas, hachas, etc.), así mismo, dio orientación a numerosas personas sobre la mejor utilización de las técnicas agrícolas con el fin de obtener mejores y diferentes cultivos.

Regresando un poco en los tiempos de su formación familiar, Don Refugio, llegó al mundo con una característica muy propia de aquellos años de la república restaurada y de la filosofía positivista mexicana en ciernes, y dada la costumbre asentada en la colonia, donde el matrimonio civil aún no se fortalecía para beneficio de las clases populares del México del siglo XIX, el recién nacido Don J. Refugio sólo llevó en vida el apellido, el “Correa” por ser registrado solamente por Doña Concepción, preservando las costumbres de la clase social pudiente, donde el niño J. Refugio Correa, seguramente recibió la educación en las escuelas Lancasterianas de la época, y ya en la adolescencia de la filosofía positivista a la mexicana. Educación elemental que no mermó su capacidad de aprendizaje, quien seguramente por conducto de su padre Don Claudio Vega, tuvo información escueta de la aventura del ejército francés, de la avanzada franchute en el occidente michoacano y el montón de ojos azules que fueron pariendo las michoacanas, de la desventura de Don Maximiliano en el Cerro de Las Campanas en Querétaro y de la república restaurada de los liberales.

El inquieto, inteligente y prematuro ingenio del antes niño, luego joven y ya sesentero por madurez, de Don J. Refugio, fue marcado por el destino con la suerte y sobre todo con el don de la creatividad. Se sabe que J. Refugio Correa a la edad de los once pueriles años, se inició en el oficio que ya le gustaba de manera innata: la carpintería. Su intuición en el diseño, armado y el trazo geométrico en las tablas, dieron en su labor con magníficos resultados; construyendo muebles de un destacado énfasis en los acabados y terminados. Conforme el niño J. Refugio Correa se va mudando en hombre, así también van surgiendo en el una capacidad de creación e inspiración, tal que con los años realiza trabajos de gran valía en los oficios de herrería, fotografía, ebanistería, técnico empírico en reparación de máquinas de coser, al igual da mantenimiento a pistolas, rifles y poco a poco va convergiendo en la elaboración de cajas de mortuorias, todo lo anterior sin descuidar su actividad comercial de misceláneas cuya línea de comercio, las tenía establecidas con tiendas venidas desde la Alemania.

Con el paso de los años, la fuerza y la ley de la naturaleza, se le presentan al igual que a todo heterosexual un imperativo en la demanda de encontrar su media naranja, entonces deambula entre la casa, el jardín principal y las iglesias. El joven J. Refugio Correa, el mozalbete de los Azabaches ojos de nuestro personaje, busca la mirada compartida entre las damas de buen ver y encuentra a la Srita. Agripina Morales, con la cual tiempo después contraen matrimonio, yéndose a vivir al domicilio ubicado en la casa uno de la calle 5 de mayo (antes conocida calle de Carreras).

Pero una vida tan larga como la experimentada de nuestro personaje, forzosamente está llena de aventuras. Algunas favorables y otras no tan traumáticas, fue el comienzo de todo episodio matrimonial. Pero a veces se inicia la vida en pareja con el pie izquierdo, y esto sucede cuando su primera mujer, Agripina Morales decide suicidarse por celos, ¿infundados, fundados? La vida es difícil, pero debe continuarse para el ya adulto J. Refugio Correa reiniciando el destino y contrayendo nuevas nupcias por segunda ocasión con una Srita., María Nieto pero sin llegar a procrear un hijo.

El matrimonio pasa años esperando la cigüeña los visite, pero ésta se niega. En cambio, las circunstancias de tener una familia se dan por otros azares. Sucede que al fallecimiento del matrimonio conformado por el Sr. Clemente Hernández y su esposa María de Jesús Tinoco, quienes tienen la mala fortuna de dejar desamparada a su hija de nombre Alicia Hernández Tinoco de apenas escasos cinco meses de crecida, donde nuestra pareja se hace cargo de ella por el atavismo religioso de ser sus padrinos de bautismo.

Entre la población yurirense fue considerado un virtuoso de la técnica y del ingenio, así desprende la siguiente anécdota ocurrida durante la etapa bélica de la Revolución Mexicana, ya que es aprendido para despojarlo de sus bienes y con las miras de ser fusilado en el acto. Pero nuestro querido J, Refugio Correa, arriesgando su pellejo de por medio, se da cuenta del estado en deterioro en que los revolucionarios traen su armamento, les propone un trato, que si los dejaban libres (a el y otros prisioneros de la villa), y se retiraban de la población (Yuriria) él se comprometía a repararles las armas en una noche. Don J. Refugio Correa cumplió su palabra y los revolucionarios también se igualaron, dejando en libertad a él y a los demás presos, quedando la localidad libre de los revolucionarios.

El listado de los trabajos y las obras que este vanguardista de la técnica y el diseño realizaron en la comunidad de Yuriria fueron considerables. Solo nombraremos los más representativos: entre otras está la reparación por fundición de las campanas de la iglesia, construyó las puertas del panteón municipal y las del templo, diseñó y dio construcción al tinaco de depósito agua del mercado, instaló el primer pozo y la red de agua potable conjuntamente con el mantenimiento. Fabricó los barandales y puertas que aún hoy en día están instalados en el templo del Señor de la Preciosa Sangre de Cristo. Alrededor del año de 1928 instaló la primera carpintería formal con características de ser una escuela – taller, empleando y enseñando a muchos discípulos. En la vecina ciudad de Uriangato le tocó construir el kiosco principal del jardín.

Don J. Refugio Correa demostró en los hechos ser un hombre altruista, social, colaborador de la sociedad que lo cobijó. Se sabe que ayudó con recursos económicos a colegiales de bajos recursos para la adquisición de libros necesarios para sus estudios. Ayudó y formó a Fray Cirilo Álvarez, así como a Fray Miguel Bedolla, ambos originarios y vecinos de la ciudad de Villa Morelos, Michoacán. De igual manera lo hizo con Fray Tomás Morales y con otros que se nos escapan. En cuanto a su vida política, llegó a ocupar el puesto de Presidente Municipal en el año de 1922 y después de una fructífera trayectoria por las calles y avenidas de Yuriria, fallece el 03 de mayo de 1962 a la modesta edad de 104 añicos, sus restos reposan en el monasterio de San Agustín de esta ciudad de Yuriria, Guanajuato.

Personajes Notables de Yuriria Guanajuato, Siglo XX (2014)

Herencia Cultural.

Editado por: Asociación Civil Yuriria Unida hacia el Progreso.

Autores: José Miguel Villagómez Santoyo

Leonel Rodríguez

Joél Calderón

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